¿Quién es la Condesa Sangrienta?
Imagine esto. Estamos en el reino de Hungría a fines del siglo 13. Hay una joven que decide desviarse del camino para evitar atravesar el bosque. Porque ella sabe que en ese bosque hay brujas, vampiros y animales que la pueden atacar. Lo sabe porque en los cementerios la gente pone banderas para espantar a los vampiros. Y porque vio cómo le clavaban una estaca en el corazón a una amiga que había muerto con las venas sin sangre. Lo sabe porque conoce las historias que hablan de brujas poseídas por el diablo, que danzan desnudas entre los árboles. Se desvía y ve a unos hombres que construyen lo que parece un castillo. Camina más despacio. Los mira sin miedo porque son albañiles. Cuando se aleja un poco, siente que la agarran de atrás. No entiende qué está pasando. Se le cae la canasta donde lleva flores que había juntado en el camino. Los hombres la sostienen, le pegan y con una rapidez intolerable construyen una pared que la rodea. Su ataúd en el que todavía está viva. Son esas nuevas paredes para el castillo que están Construyendo a 900 kilómetros de Transilvania. Usted podrán pensar que lo que le cuento es un mito más, como los de vampiros y las brujas, pero no lo es. En los sótanos de muchos de los castillos en ruinas que hay en Hungría o en la actual Eslovaquia, es dondese habían puesto la primera piedra.

¿Cómo fue el hallazgo?
Cavado el primer hoyo, se descubrieron esqueletos de mujeres.
¿Y para qué emparedaban a jóvenes vivas?
Para traer suerte, proporcionar abundancia y asegurar descendencia a sus dueños. Este es el marco que quiero compartir para empezar nuestra historia sobre una condesa que vivió en ese castillo en el siglo XVI. Un castillo con una joven emparedada en los cimientos desde el siglo XIII. Un símbolo macabro que habla, por supuesto del patriarcado opresor y de la irrelevancia social y la crueldad aplicada a muchas mujeres a lo largo de los siglos. Un castillo en el cual se pueden ver inscripciones de fechas y cruces en los muros de sus sótanos ennegrecidos por el humo. Dicen que son las señales, los mensajes de las que allí estuvieron encerradas. Los campesinos hacen la señal de la cruz ante estas murallas derruidas de las que parecen elevarse aún los gritos de agonía. Algunos de ustedes ya saben de quién estoy hablando. ¿Entienden a qué condesa me refiero? Muchos la hemos conocido gracias a Alejandra Pizarnik, que escribió un texto extraño, imposible de definir. Pizarnik se inspiró en la lectura del libro La Condesa sangrienta que la poeta surrealista Valentine Penrose escribió en 1962.
¿Conociste a Pizarnik?
Sí y gracias a ella conocí a Erzebet Batory, la Condesa Sangrienta, y me sentí fascinada por el erotismo de hielo. Sin embargo, después de que leí el libro de Penrose y de hecho, esta charla está basada en esa lectura, la condesa se llenó de nuevos matices horrorosos y el nivel de espanto se expandió sin control. Y tengo que reconocerlo, he tenido pesadillas porque en el libro vibra un aire de lo oculto, la magia satánica y gatos negros que maúllan y no están. Nadie los ve, pero los escuchan. El aire del peligro latente de que un día termines en un castillo sirviendo a una condesa demente que es capaz de meterte un cirio prendido en la vagina y pedir más y más y más. Esa oscuridad resulta cercana, aterradora e hipnótica. Mientras leía la versión de Penrose, no podía dejar de preguntarme si esa crueldad extrema había sido real o tomando algunos hechos reales. Se había transformado en algo mitológico que trascendió los tiempos y afianzó el arquetipo de la mujer vampírica que nos sigue fascinando, al igual que la mujer bruja con poderes ocultos, como nos fascina el mal absoluto, el mal en su forma pura, reluciente. La descripción de la figura histórica Sabemos que le adjudican una enorme crueldad y nos atrae la posibilidad de vislumbrar, aunque sea parte del horror al que es capaz de llegar un ser humano cuando no tiene que hacerse cargo de las consecuencias de sus acciones y goza de una impunidad absoluta.

¿Qué nos dice esta historia de nosotros mismos?
No podemos dejar de preguntarnos si seríamos nosotros capaces de explorar el camino del sadismo, de la curiosidad refinada aplicada a la tortura, de indagar los límites del sufrimiento humano. ¿Tenemos la oportunidad ahora mismo de preguntarnos qué seríamos capaces de hacer si estuviéramos en el siglo 16, en el mismo lugar que la condesa Erzebet Bathory? El texto de Pizarnik termina con una frase que es potentísima: La libertad absoluta de la criatura humana es horrible. Yo tomo esta frase para comenzar el análisis porque, efectivamente, creo que sí, que si tomamos al pie de la letra la leyenda negra, la condesa no tuvo límites. Vivió en la desmesura. Pertenecía a una de las familias más ilustres de lo que era el reino de Hungría y era intocable. Ese poder habilitaba a la condesa a disponer de las vidas y de la muerte de sus campesinos. Las personas como los árboles y las vacas le pertenecían. Ella era ama y señora de todo aquello que viviera dentro de sus propiedades. Animales. Peces en los riachuelos y campesinas. Nadie la iba a denunciar por matar a unas cuantas jóvenes cuyas vidas carecían de valor. Ellas eran un objeto más en las tierras del feudo. Mujeres y niñas que, como hoy, lamentablemente, resultan para la sociedad casi irrelevantes. Con los hombres, con los campesinos, el trato resultaba algo diferente.
Ellos eran mano de obra básica para labrar la tierra. Y para la defensa sus funciones eran consideradas fundamentales. En tiempos de paz y en los de guerra, las mujeres y las niñas, lo vuelvo a enfatizar, entraban en el espacio de lo socialmente irrelevante. Por eso Erzebeth Bathory, nuestra condesa sangrienta, torturó y mató a 650 muchachas sin que aparentemente hubiera una reacción de la comunidad. Esta cifra la convierte en la asesina serial con mayor cantidad de víctimas al momento. En este punto, me permito introducir una señal de alerta. Una duda que después voy a retomar. ¿Es imaginable algo semejante? Pero hay algo más que destacan los relatos sobre la condesa que acompaña esa ilimitada libertad. ¿Y esos derechos hereditarios? Algo más que al ser la dueña absoluta de extendidas tierras, castillos, riquezas y de sus siervos, las distintas descripciones instalan que esos derechos patrimoniales estaban atravesados por un abismo personal, también hereditario, una demencia que pareció incrementarse con los años sin tener fin. Al abismo de la locura se suman la tristeza patológica y la melancolía profunda. La experiencia del aburrimiento extremo, de un vacío vital que nada podía llena. Una nada que afirma Penrose surgía de un narcisismo descomunal. Imaginémosla Dicen que era bella, con una belleza ausente que provocaba fascinación y terror. Y ella vivía por y para su belleza. Precisaba que la elogiaran Continuamente, cinco o seis veces al día cambiaba de vestidos. Vivía ante un gran espejo oscuro, el famoso espejo que ella había diseñado en persona y que tenía la forma de pretzel para que pudiera pasar los brazos y permanecer apoyada sin cansarse durante largas horas que pasaba día y noche contemplando su imagen.
¿De dónde provienen esa tristeza y esa melancolía en alguien que lo tiene todo?
La melancolía, pienso, surgía por la imposibilidad de cristalizar su belleza, de fijarla para siempre en el tiempo, por una necesidad imperiosa de detener el envejecimiento y la decadencia. Pizarnik dice algo muy hermoso y cierto, y es que los placeres, yo agrego las torturas o los gritos, pueden borrar por muy poco tiempo la silenciosa galería de ecos y espejos que es el alma melancólica. Después es todo inmovilidad. Y también es Pizarnik quien nos da algunas pistas sobre el estado melancólico. ¿Quién mejor que ella no para hablar de la melancolía? La concibe como una disonancia, un ritmo trastornado. El melancólico vive con un ritmo interno lentísimo. Quizás el grito de las adolescentes, siendo torturadas, aceleraba esa música interna. Y por un momento la melancolía se disolvía. Pero siempre volvía a aparecer esa sintonía, esa falta de entusiasmo, era lo que marcaba el ritmo vital de la condesa. No podía vibrar con los otros porque su frecuencia se lamentaba de sí misma, de esa música tristísima, lentamente fantasmagórica en su desvanecimiento y llena de silencios, porque estaba atraída inexorablemente sólo por el abismo de su imagen que poco a poco se iba perdiendo. Le dolía mucho la cabeza constantemente y cuando tenía crisis de dolores agudos, pinchaba a sus sirvientas con alfileres o pedía que le trajeran dos o tres robustas campesinas muy jóvenes.
¿Para que?
Las mordía en el hombro y masticaba luego la carne que había podido arrancar. Entre los aullidos de dolor de las demás desaparecían sus propios sufrimientos. Los castigos a las sirvientas ladronas también eran contenidos, Mesurados. A una muchacha que había robado una fruta, Erzebet, la mandó a desnudar, la ató un árbol y la hizo untar con miel para que se la comieran las hormigas. Existe un registro epistolar en el cual la condesa y su marido intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes. Eso era normal entre los hombres, entre los nobles de la Europa del este de la época. Lo más horrible que les hacía era abrirles la boca a la fuerza con los dedos y tirar hasta que se les desgarraran las comisuras. Un día, porque la habían calzado mal, hizo que le trajeran una plancha ardiendo y planchó los pies de la sirvienta culpable. Había que echar cenizas alrededor de la cama porque los charcos de sangre en su cuarto eran tan grandes que no podía cruzarlos para ir a acostarse. Un día las torturas no fueron suficientes y se volvió asesina. Pero. Y aquí aparece otro elemento para la duda. El texto de Penrose sugiere que no siempre fue una mujer sumida en el exceso de su propia monstruosidad. Mientras vivió su marido, Ferencz Nádasdy, su la crueldad estaba contenida porque las visitas de él al volver de la guerra la calmaban.
El marido murió joven ¿verdad?
Cuando él murió, Erzsebet ya había tenido cuatro hijos y tenía 40 años. En esta trama espeluznante y de crueldad cada vez más enardecida, no podemos dejar de notar una línea argumental algo distinta, una secuencia más prosaica de intereses familiares, de poder y de dinero que quedaron invisibilizados por la apasionante historia de la condesa maligna y destructiva. No resulta extraño que fuera justamente después de enviudar, cuando se transforma y adquiere la fama de personaje siniestro y asesino. Pero no quiero adelantarme. Siguiendo la secuencia de las investigaciones de Penrose, quien afirma que otra de las causas de su escalada asesina tuvo que ver con un hecho evidente: sus conjuros no habían detenido el paso del tiempo. Este fue el momento en el que la condesa comenzó a buscar soluciones cada vez más audaces para no perder la juventud y poco a poco liberó el sadismo. Les quemaba las mejillas a las sirvientas, , los pechos y otras partes del cuerpo con un atizador. Se dice que una de las sirvientas que la peinaba lo hizo mejor de un lado que del otro. Y cuando Erzsebet lo vio le pegó en la boca y unas gota de sangre le salpicaron las manos. Cuando se lavó le pareció a la condesa que la piel había rejuvenecido. El mismo año de la muerte del Conde, en 1604, apareció Darvulia, una bruja del bosque que fue la más despiadada de todas las mujeres que aconsejaron a la condesa. Fue quien desató sus arrebatos de locura y le enseñó a ver morir y el sentido de la muerte. A partir del suceso con la sirvienta, Darvulia la convenció de empezar con los baños de sangre. La veracidad de estas afirmaciones son bastante relativas, pero no podemos obviar el hecho de que en todas las épocas, de una u otra manera, se ha creído en los poderes constitutivos de los fluidos humanos. Por ejemplo, comerse el corazón todavía latiendo del enemigo permitía asimilar su coraje. El ritual que describen es que desnudaban a campesinas jóvenes, a veces doncellas de 12 años, y las cortaban para que la sangre que brotara por todas partes fuera recogida en vasijas que luego vertían sobre la condesa. La condesa se cambiaba el vestido blanco que se volvía rojo, como dice Pizarnik, varias veces durante cada sesión. Darvulia le repetía infatigablemente los méritos del rojo manto de sangre, de esa deslumbrante protección contra la vejez robada a las vidas de las muchachas Erzsebet. No se conmovía. Ella estaba segura de su derecho, un derecho incuestionable fundado en sus ancestros y en la fatal magia de las savias vegetales y de la sangre humana.

Pero todas estas atrocidades no podía cometerlas sola.
Se cuenta también que tenía sirvientes muy fieles que le conseguían muchachas de las aldeas vecinas. Las muchachas entraban al castillo y nunca volvían a salir. La descripción del grupo de sirvientes no nos ahorra detalles repugnantes de su enorme sadismo y letalidad. Ujvari. Janos era una especie de gnomo medio idiota y jorobado. Perverso, pero muy dócil, que ejecutaba todas las órdenes de la condesa sin cuestionarlas. Jo Ilona era una mujer alta y recia. Horrorosa. Bajo su capucha de lana, siempre echada sobre los ojos, se podía adivinar su eterna crueldad. El trío lo completaba Dorotea es una mujer alta, huesuda, fuerte como una bestia de carga, con la dentadura podrida a la que llamaban Dorkó y que no tenía ninguna compasión. Ella inventaba siempre nuevos Suplicios y le enseñaba conjuros a la condesa como el de golpear con un palo blanco a una pequeña gallina negra hasta matarla. Poner un poco de sangre sobre el enemigo. Si no está al alcance, en alguna ropa que le pertenezca. El enemigo ya no podrá causar daño. La condesa siempre estaba rodeada por estos sirvientes fieles y por estas otras mujeres a sueldo igual de crueles que la mantenían informada de todo lo que pasaba en el castillo y en el pueblo. Un día trajeron de los grandes Cárpatos a una muchacha cuya belleza era tal que se había hecho famosa. El viaje duró un mes. La torturaron y sacrificaron el mismo día que llegó al castillo. Otro detalle interesante es que la condesa se cuidaba de que sus hijos, con quienes siempre tuvo una relación distante, no se enteraran de sus atroces pasatiempos. Cuando le anunciaron la visita de su hija, Ana se quedó con los sirvientes más fieles y mandó a las sirvientas torturadas al castillo grande para que no pudieran quejarse con los sirvientes de la hija. Ordenó, sin embargo, que no les dieran nada de comer ni de beber. Dorkó obedeció a su ama. Solo tres sobrevivieron. La trama oculta nos deja entender que cuando los hijos la visitaban al castillo, nunca vieron nada sospechoso y que, como corresponde con las instancias de la época, las visitas no eran muy asiduas. Los relatos abundan y se multiplican con detalles cada vez más espeluznantes. Por ejemplo, en 1607 se casó la hija del gran Palatino, Giorgi Thurzo, pariente de Erzsebet. Uno de sus grandes enemigos, La condesa, viajó por caminos helados sin el menor motivo. Dio la orden de que fueran por una de las jóvenes sirvientas que la acompañaban. Nevaba. El frío era intenso, peligroso. La muchacha llegó llorando. La empujaron dentro de la carroza ante la condesa que se puso a morderla frenéticamente. Satisfecha, la condesa entró en uno de sus trances y la sirvienta escapó. Pero la atraparon y la desnudaron en medio de la nieve. La rodeaban antorchas, le echaron encima agua que se congeló instantáneamente en sobre su cuerpo. Cuando la sirvienta intentó moverse hacia el calor de las antorchas, le echaron más agua y quedó congelada, con la boca abierta, desnuda, bellísima, admirada y odiada por la condesa que miraba desde la carroza. La enterraron al borde del camino. Su pariente Thurzo, había escuchado los rumores sobre Erzsebet y decía que a pesar de que ambos pertenecían a una de las familias nobles más importantes de Hungría, la rama de los Bathory estaba llena de dementes. Para empezar, uno de sus antepasados fue ni más ni menos que Vlad Drácula de Drácula Tepes el Empalador. Un antecedente inquietante. El tío de Erzebeth Itsvan estaba tan loco que confundía el verano con el invierno y hacía que lo llevaran en trineo como en tiempo de nieve por avenidas cubiertas de arena blanca. Todos eran de una crueldad Inexplicable. Y no retrocedía ante nada para satisfacer sus caprichos. Otro tío, Gábor, se quejaba de tener al demonio en el cuerpo. Sufría auténticas crisis de posesión durante las cuales se revolcaba en el suelo y mordía todo. Sádicos, todos locos y sin embargo, todos valientes. Erzsebet fue el resultado de aquella extraordinaria filiación cuyos miembros estaban unidos entre sí por una cadena de maldad.
¿Thurzo no hizo nada para detenerla?
Él solo veía altivez, soberbia y frialdad en erzebet. No pudo corroborar en ese momento lo que decían los rumores que la condesa era vampírica. Cuando él hacía preguntas, nadie quería hablar, le contestaban con evasivas, le decían que estaba enferma. Hacia 1610, la bruja Darvulia desapareció misteriosamente. Apareció otra bruja famosa, la Shama Joroba. Decían que se había consagrado al diablo. La condesa se acercaba a los 50 y se quejó con su nueva hechicera de la ineficiencia de los baños de sangre. La Joroba le dijo que los baños de sangre no servían porque eran muchachas simples. Necesitaba sangre azul. Ofreció hospedar a las hijas de nobles campesinos para educarlas, enseñarles buenos modales e idiomas. Porque nuestra condesa sabía escribir y leer húngaro, alemán y latín, algo inédito para las mujeres de las de la época, incluidas las mujeres nobles. Llegaron 25 jóvenes. Mataron a todas, excepto a una que logró suicidarse. Esto lo complicó todo. Cuando ya fue imposible ignorar los rumores, Thurzourso apareció el 30 de diciembre de 1610 y lo primero que vio fue una sirvienta agonizando en el cepo del patio, le habían dado una paliza fracturándole las caderas. Esto era práctica corriente y no le llamó la atención, pero al acceder al interior se encontraron con una chica desangrada en el salón y otra que aún estaba viva, aunque le habían agujereado el cuerpo en la mazmorra.
Encontró a una docena que todavía respiraban. Algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas. Debajo del castillo exhumaron 50 cuerpos de muchachas de otras muchachas. Según El diario de la Condesa, que casualmente se perdió, contaba día por día sus víctimas con todo lujo de detalles. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a putrefacción. ¿Cuánto de todo esto será cierto? Dado que se sabe que Thurzo era enemigo de Erzebet, no la juzgaron. No querían manchar el apellido ilustre. No querían que toda Hungría se enterara de la atrocidad. O bien, como algunos pocos sostienen, no la juzgaron porque era inocente. Y fue la familia la que creó los rumores y el mito de su crueldad para sacarle la fortuna. Las tierras y los castillos, que eran alrededor de 16. Mataron a sus tres sirvientes más fieles que confesaron bajo tortura. También estos procedimientos nos suenan conocidos. ¿Durante el proceso, le preguntaron a sus sirvientes leales qué trato le daban a las víctimas? La respuesta de Janos el jorobado fue: Se las podía ver tan negras como el carbón a causa de la sangre coagulada sobre sus cuerpos. Siempre había cuatro o cinco jóvenes desnudas y en ese estado las veían los mozos.
Todo este recuento de cosas horribles, no sé por qué me hizo acordar a las memorias del Marqués de Sade. ¿Hay como un cierto parentesco, ¿verdad?
Sí, totalmente. Y también si lees sobre Vlad Tepes, que lo nombré, él empalaba a sus enemigos. Quien en cambio mataba muchachos muy jóvenes y les cortaba la cabeza.
¿Vlad Tepes para los húngaros es un héroe de las guerras contra los turcos, verdad?
Sí, Totalmente. Era súper cruel, pero bueno, estaba justificado porque estaba defendiendo su territorio. Pero la guerra siempre es una monstruosidad.



