Más...

    La Fontanería del Mal

    Fecha:

    Milo Krmpotic entrevista a Ernesto Mallo, autor de Kuklinski.

    No es el firmante de estas líneas la persona ideal para ir haciendo bromas con los apellidos ajenos, pero convengamos en que el Kuklinski (Siruela) que presta título al último libro de Ernesto Mallo, autor argentino afincado en España, no vendría a traslucir con esa fonética de simpático tintineo el horror mayúsculo que albergan sus páginas. Y es que estamos ante la biobrafía novelada de un sujeto que, después de ser condenado por seis asesinatos, se jactó de haber matado en realidad a cerca de doscientas personas, ya como pistolero de la mafia de la Costa Este, ya a título personal cada vez que algo hacía que le hirviera la sangre (curiosamente se lo conoció como «The Iceman», «El hombre de hielo», pero el mote se debió a que congeló a una de las víctimas para que no se pudiera identificar la hora de su muerte). Entre un crimen y otro, saltando de un charco de hemoglobina al siguiente, el libro sugiere cómo se crea un monstruo y arroja luz sobre las tuberías de la Maldad misma.

    En su despacho frente a la playa de Badalona, por cuya ventana se cuela la vista de ese Pont del Petroli que parece hundirse como un cuchillo en el vientre del mar, Mallo nos reveló una soleada mañana de mediados de octubre las razones por las que, después de jubilar a su comisario, el «Perro» Lascano, se ha zambullido en la vida y nefasta obra de un can rabioso que se dedicó a lanzar dentelladas mortales al otro lado de la Ley.

    ¿Cuándo conociste la figura de Richard Kuklinski y qué te ha llevado a narrar ahora su vida?

    Tropecé con la entrevista que le hizo el doctor Parks por casualidad, buscando otra cosa en internet, y me fascinó su personalidad, su inteligencia y su desparpajo.

    El libro se presenta desde su faja como un “poderoso y adictivo true crime”, y no le pongo ni un pero a ambos adjetivos. Sobre la etiqueta de “true crime”, en cambio… es evidente que Kuklinski se basa en hechos reales y a la vez es evidente que se trata de una obra literaria, con todo lo que ello implica. Pero ¿qué te lleva a dar por buena la palabra del propio Kuklinski, quien dijo haber asesinado a entre cien y doscientas personas, incluido Jimmy Hoffa, frente a la de investigadores como Dominick Polifrone, quien le adjudica quince muescas como mucho?

    La pregunta es: ¿cuál es la verdad? Polifrone sostiene que Kuklinski exagera para darse importancia, pero en todo caso quince es un número suficientemente impresionante. Creo que Polifrone detestaba a Richard Kuklinski y mi mayor esfuerzo con esta obra literaria fue no juzgarlo ni justificarlo. A efectos de la literatura es mejor doscientos que quince, pero no doy por bueno nada, Kuklinski dice que fueron doscientos, no yo.

    ¿Cómo se mete uno en la cabeza de un monstruo como Kuklinski? ¿Buscaste algún punto de encuentro con él, aunque fuera mínimo, o hiciste un ejercicio de abstracción separado de tu persona?

    Sí, yo tuve un padre con problemas de alcohol y de violencia, aunque nunca la empleó contra sus hijos, si lo hizo contra mi madre. Una de las escenas de la novela no es de Kuklinski, es de mi historia personal. Fui un joven cargado de odio, pero el amor que me rodeó fue suficiente para que no me convirtiera en un asesino, aunque ganas no me faltaron. No me fue especialmente dificultoso entender cómo funcionaba su mente.

    Tu libro no es American Psycho, pero tiene varios pasajes muy perturbadores y dolorosos. Después de las horas de trabajo al ordenador, ya documentándote, ya escribiendo, ¿te llevabas el estrés de la narración a tu vida privada? ¿Se coló Richard Kuklinski en tus sueños?

    Normalmente, escribir no me produce estrés; por el contrario, me relaja. Curiosamente y al contrario de lo que me sucedió, creo, con todas mis novelas, con esta no soñé, o si soñé esos sueños volvieron al lugar oscuro de mi inconciente.

    Sé que podaste treinta páginas por su dureza. ¿Dónde fijaste el límite entre lo que se debía contar y lo que no acababa de ser necesario?

    Yo utilizo un barómetro infalible. Lo que siento cuando leo: si me aburre, me repugna o me disgusta, saco la tijera. Siempre escribo mucho más de lo que publico, a una novela le quité doscientas páginas y con ellas escribí otra. Sigo una regla que trato de cumplir con todo rigor: si no es imprescindible, es molesto. Adoro quitar.

    Hablando de la documentación, describes los ambientes de Nueva Jersey y Nueva York en los que se mueve Kuklinski, desde los bares hasta un parque de atracciones abandonado, con tanta convicción como naturalidad ¿Los visitaste en persona?

    En marzo de 2018 estuve con mi mujer en Nueva York durante una nevada tremenda, ya tenía en la cabeza esta novela y como parte de nuestro tour visitamos muchos de los lugares que aparecen en la historia y tomé muchos apuntes. Nueva York es una ciudad a la que fui más de doce veces y que conozco bastante bien. Nueva Jersey, menos, pero en aquella visita paseamos bastante por allí. Fue especialmente importante un viaje que hice hará unos veinticinco años, cuando un amigo bastante chiflado me hizo varios tours por los barrios más marginales y peligrosos de la Big Apple.

    Hay una película sobre Kuklinski, The Iceman, de la que no se habló mucho en su momento, 2012, pese a contar con un reparto de campanillas (Michael Shannon, Winona Ryder, James Franco, Ray Liotta, Chris Evans, David Schwimmer, Robert Davi…). ¿Llegaste a verla? Y, en caso afirmativo, ¿hay algún aspecto del film que ayudara a tu enfoque o del que decidieras alejarte?

    Sí, la vi, y no me pareció muy lograda, creo que se concentraron demasiado en las anécdotas y se perdieron la dimensión psicológica del personaje, que es fundamental para narrarlo. A veces los americanos caen en el problema de contratar a los mejores en todo y el resultado no funciona. Kuklinski es algo más que una cara de malo. La película fue un fracaso comercial y yo creo que artístico también. La vi con bastante indiferencia.

    Después de muchos años con el “Perro” Lascano, un tipo con sus ambigüedades pero claramente moral, Kuklinski es un lodazal de inmoralidad. ¿Crees que ese carácter dialoga con la sociedad de Estados Unidos de una manera parecida a como lo hacía Lascano con la sociedad argentina?

    No creo que Kuklinski fuera un inmoral, más bien un amoral. Lascano dialoga con la sociedad argentina desde una posición ética y moral, pero no la moral del momento, sino la que él ha construido en base a su experiencia. Kuklinski dialoga con la sociedad norteamericana desde el odio y el resentimiento, con total indiferencia por el daño que causa. La empatía no es una característica saliente de los norteamericanos, y esas condiciones hoy están más que presentes en la política de Trump, que llena de matones y psicópatas las calles de las ciudades. Sin embargo, creo que Kuklinski hubiese odiado a Trump, odiaba a los payasos.

    ¿Temiste en algún momento que un protagonista como Kuklinski, con el que es casi imposible identificarse, alienara al lector?

    Cuando uno observa a un tigre es imposible identificarse con él; sin embargo, podemos entender su conducta. Al meterlo en una novela, Kuklinski queda cristalizado, enjaulado en una prisión de palabras, y entonces podemos analizarlo y ver las razones por las que una familia y una sociedad producen a un ser con esa conducta. Creo que no busqué un personaje con el cual el lector pudiera identificarse, sino un modelo de lo que sucede cuando alguien es abusado y maltratado persistentemente en la infancia. Creo que Kuklinski es una historia sobre las fatales consecuencias de la falta de amor.

    El punto de vista del detective Pat Kane, que aparece recién en la segunda parte, además de obedecer a ciertas necesidades narrativas, ¿fue también una forma de anclar la empatía y ofrecer un respiro entre tanta sangre?

    Sí, Pat Kane era necesario para darle al lector la sensación de que no está solo, de que alguien está ocupado en tratar de detenerlo. Sin embargo, quien en definitiva lo detiene es él mismo. Esto es algo que se ve con cierta frecuencia en los serial killers, que ellos mismos se denuncian. Ed Kemper, que mató a unas diez mujeres, entre ellas su propia madre, dijo que cuando se hartó de matar se entregó. «Alguien debía detenerme», dijo.

    Finalmente, el último capítulo del libro juega un poco con el tiempo y es fiel a lo que ha sido la novela, pero no transmite la sensación de que Kuklinski lleve casi veinte años en prisión cuando muere. ¿Por qué elegiste ese cierre paralelo a la realidad?

    En la prisión todo es, o debe ser, previsible y rutinario, cada día igual al siguiente. Esos veinte años estaban narrados, son parte de la treintena de páginas que fueron eliminadas por aquello del tedio, y creo, ahora que lo preguntas, que también hay otra razón: luego de tantas páginas de horror, me pareció más amable para el lector que la muerte le llegara pronto en lugar de torturarlo con la abolición del tiempo que significa la cárcel. Cuando uno no es un psicópata, si tiene que matar, mata rápido. Como un deber no deseado que hay que cumplir. El alivio es el leitmotiv de ése capítulo

    Tu opinión es importante. Déjanos tu reseña sobre este artículo.

    Opiniones (0)

    Este artículo aún no tiene reseñas.

    Compartir publicación:

    spot_imgspot_img

    Más leido

    Más artículos como este
    Related

    Ernesto Mallo Entrevista a Martín Caparrós: Inteligencia Artificial, Poder y Deseo. 2ª Parte

    Los dos escritores hablan sobre el tema de la Inteligencia Artificial no desde el punto de vista técnico, sino humano. ¿A dónde vamos a parar?

    Kronologic París 1920: Crimen, Deducción en la Ópera de París

    Un apasionante juego de mesa que nos lleva a la Ópera de París donde el crimen se oculta tras escenarios, camerinos y bambalinas.

    Toda Muerte es Homicidio Hasta que se Demuestre lo Contrario

    Esta es la primera colaboración de Albert Hernández Moreno, miembro de la Unidad Subacuática de Mossos d'Esquadra (Policía Autonómica de Catalunya, España). La criminalística acuática y subacuática es una rama de las ciencias forenses poco conocida pero de fundamental importancia para regiones con un extendido litoral marítimo. En esta entrega nos cuenta de qué se trata.

    Ray Bradbury, el Primer Humano que estuvo en Marte, También Escribía Policiales.

    Cuando Elon Musk logre su sueño de llegar a Marte —si es que lo logra— encontrará que Ray Bradbury ya estuvo allí. Lo que no todos recuerdan es que el viejo Ray, antes de convertirse en una leyenda de la ciencia ficción, también escribió relatos policiales. Este es un breve recorrido por algunos de los cuentos reunidos en Killer, Come Back to Me.