Una cena entre dos amigos, una sospecha de infidelidad y una conversación incómoda bastan para que Ernesto Mallo construya un relato breve sobre la traición. No hay sangre, no hay cadáver visible, no hay crimen declarado. Solo un teléfono sobre la mesa y la certeza de que algunas amistades se hunden sin hacer ruido.
Contrariando su estilo habitual, nuestro director nos brinda una narración breve, frívola, íntima, sin sangre y aparentemente inconsecuente. Una verdadera rareza.



