En el crimen organizado, las mujeres no han sido solo acompañantes, víctimas o piezas secundarias. Algunas ocuparon posiciones de mando, gestionaron dinero, sostuvieron clanes familiares y dirigieron redes de narcotráfico, blanqueo o trata de personas. De Griselda Blanco a Virginia Hill o la Hermana Ping, sus historias muestran otra cara del poder criminal.
Narco mamis, madrinas, jefas o reinas de la cocaína, son algunos de los motes que reciben las empresarias del crimen. Abriéndose paso en un mundo de machos bien machazos, a quienes sobreviven o suplantan cuando van presos, han sabido escalar posiciones, y compartir un destino de pólvora. Los Tucanes de Tijuana le dedicaron un famoso narco-corrido.
Es hembra de armas tomar que sabe vencer el miedo
Belleza espectacular hermosa de cuerpo entero
En la mafia number one de lavado de dinero
Se las voy a presentar antes me quito el sombrero
Su nombre es Sara Aguilar, La Señora de Acero…
Muchas de ellas empezaron en el mundo de la droga muy jóvenes y sin experiencia, realizando tareas de controladoras, halcones (espías), cobradoras, mulas o burreras, esclavas sexuales o sicarias. Pero fueron escalando posiciones, ascendiendo en la jerarquía y dirigiendo los clanes. Negocio que conocen bien porque fueron ocupando todos los puestos en el escalafón narco. Algunas se hacen cargo del negocio cuando muere o es encarcelado el esposo, el capo, como los casos de La Viuda Negra, Griselda Blanco en Miami o Anna Mazza, La Viuda de la Camorra en Italia. Estas empresarias del crimen actúan con la misma eficacia que los hombres, fortaleciendo el narcotráfico y y agrandando las estructuras. Los clanes crecen con la incorporación de las mujeres que se abren paso en el hipermachista mundo del crimen organizado: drogas, blanqueo de dinero, falsificación y otros delitos, pero también negocios “legales” que prosperan con el dinero del narcotráfico llegando a crear sociedades difíciles de perseguir, con estructuras muy potentes en las que participan abogados, políticos, jueces y banqueros. Las narcas llegan a dirigir igual o mejor las organizaciones criminales y son muy buscadas por la DEA y otras organizaciones policiales que se ofrecen recompensas millonarias por su captura.
Son discretas, poderosas, frías, mecánicas, poco excéntricas, silenciosas y escurridizas. Menos ostentosas que los narcos, pasan desapercibidas y se camuflan bien, algunas se hacen pasar por modelos como es el caso de Angie Sanclemente, narco reina de Colombia y modelo internacional, vedettes como Daysi Araujo, bailarinas, cantantes como Leysi Suarez y otras famosas del mundo del espectáculo. Muchas de ellas son detenidas después de años de dedicarse al narcotráfico, con 55 o 60 años, después de ser descubiertas tardíamente porque no exhiben sus riquezas, no hacen ostentación de bienes lujosos como lo hacen los hombres y guardan todo para la familia. Mantienen contactos con políticos, militares y empresarios, median mejor y aprovechan su físico y su inteligencia para abrirse paso.
Por lo general evitan el conflicto, son menos violentas, aunque algunas no tuvieron piedad y actuaron con frialdad, es el caso de Enedina Rellano, la Güera Loca, jefa de sicarios que presenciaba decapitaciones en directo. Cerebro financiero del Cártel de Tijuana que blanqueaba el dinero de la organización, o María Jimenez, la Tosca, perteneciente al cártel mejicano de “Los Zeta” y que se dice que cometió veinte asesinatos.
Para los narcos, tener cerca una mujer bella es signo se virilidad, de poder. Se dice que Sinaloa es tierra de narcos y de bellas mujeres. En los múltiples concursos de belleza que se celebran: Reina del Café de Sinaloa, Miss Sinaloa, Miss Turismo Oriental Internacional, Reina del Mariachi, ganar el concurso es salir de la pobreza, aunque sea casándose con el narco a quien suplantarán cuando caigan muertos o en prisión.
Según el país de origen las normas para las narco son distintas y el estilo de dirigir también, las mejicanas son más modernas que las italianas que observan las severas convenciones tradicionales. Roberto Saviano en el libro Gomorra, hizo visible el papel de la mujer en la mafia italiana y expuso toda la simbología que las rodea. Ellas siempre visten el luto por la muerte del marido, del hijo, del hermano o a cualquier otro familiar cercano. Bajo los negros vestidos llevan ropa interiro roja, el color de la sangre derramada, de la ira y de la venganza. No se maquillan y visten con modestia para las visitas a la cárcel o acompañando a sus maridos al juzgado, ese es el símbolo de la fidelidad. Solo se arreglan cuando ellos están en libertad. Son madres y abuelas quienes transmiten los valores del clan a las nuevas generaciones. Los niños deben elegir entre dos roles simbolizados por la llave o el cuchillo. Policía y mafia respectivamente, introduciéndolos de este modo en el mundo criminal.

Pero no vaya a creerse que sólo se dedicaban a las drogas. Cheng Chiu Ping, o “Hermana Ping”, se ganó a pulso el siniestro apodo de “Cabeza de Serpiente”, el sobrenombre chino para un traficante de personas. La Hermana Ping (también conocida como “Hermana Mayor Ping”), líder de un grupo criminal clandestino en el barrio chino de Nueva York, traficó con aproximadamente 3000 inmigrantes ilegales de China a Estados Unidos. Cobrando hasta 40.000 dólares por persona, amasó una fortuna de 40 millones de dólares en las décadas de 1980 y 1990.
Cualquier lista de mujeres en el crimen organizado, al menos en Estados Unidos, debe incluir a Virginia Hill. Alcanzó la cima más alta que cualquier otra mujer en el sindicato nacional estadounidense, tanto en aquel entonces como después. Desde la década de 1930 hasta finales de la de 1940, su encanto y su temple de acero cautivaron e inspiraron la confianza de mafiosos curtidos como Charles «Lucky» Luciano, Meyer Lansky, Frank Costello, Anthony Accardo, Jake Guzik, Murray Humphreys, Charles Fischetti, Jack Dragna, Joe Adonis y, por supuesto, Benjamin «Bugsy» Siegel. Estos hombres la emplearon como blanqueadora de dinero, mensajera de efectivo, traficante de heroína mexicana e informante sobre las actividades de la mafia. Durante sus misiones en México, exhibía sus costosos abrigos de piel, joyas y su figura para seducir a hombres ricos y poderosos, cerrar tratos de heroína para el sindicato y asegurar el dinero.
No hay tolerancia para la traición, quien colabore con la policía o la justicia lo paga con su vida. La acumulación de poder y riquezas no es obstáculo para que ellas mismas encuentren su destino en un charco de sangre, como el caso de Griselda Blanco, poderosísima y sanguinaria que terminó dilapidando su fortuna en abogados y que terminó en una humilde casita de Medellín, luego de haber amasado fortuna y de haberle enseñado a Pablo Escobar, su ahijado los rudimentos del narcotráfico. Estos personajes comparten dos cosas: ambos fueron asesinados a tiros y ambos están enterrados bajo una discreta lápida en el cementerio de los Jardines de Montesacro en Medellín.



