La ficción criminal ha convertido muchos términos técnicos en palabras familiares: cadena de custodia, modus operandi, luminol, duda razonable, habeas corpus. «101 expresiones de ficción criminal» intenta ordenar ese vocabulario para lectores, espectadores y escritores del género. El resultado es una guía útil, accesible y variada, aunque algunas afirmaciones necesitan más matiz.
El libro adopta una estructura directa. Cada expresión ocupa aproximadamente una página. Las entradas se ordenan alfabéticamente y abarcan terrenos distintos: investigación policial, medicina forense, derecho penal y procesal, criminología, ciberdelincuencia, cultura popular y técnica narrativa. Conviven la acústica forense y la escopeta de Chéjov; el ADN mitocondrial y el narrador no fiable; el habeas corpus y el misterio de la habitación cerrada; la adipocira y el cliffhanger.
Un libro de consulta accesible
El mayor acierto del volumen está en su facilidad de uso. Puede leerse de principio a fin, pero funciona mejor como libro de consulta: una entrada después de otra, sin obligación de seguir un itinerario. Su formato permite detenerse en una expresión conocida, aclarar una duda o descubrir un término que quizá solo se había entendido por contexto.
Algunas distinciones resultan especialmente útiles para quien escribe ficción criminal. No es lo mismo criminología que criminalística. Tampoco conviene confundir murder mystery con whodunit, libertad provisional con libertad condicional o una prueba directa con una prueba indiciaria. En un género donde la verosimilitud se rompe con facilidad, llamar a cada cosa por su nombre sigue siendo una forma elemental de respeto al lector.
También se agradece que el libro no se limite al vocabulario policial más reconocible. La inclusión de recursos narrativos como el MacGuffin, el deus ex machina, la pista falsa o el narrador no fiable amplía su utilidad. La ficción criminal no se sostiene solo con autopsias, interrogatorios y laboratorios. También necesita estructura.
Un inventario deliberadamente heterogéneo
La selección tiene algo de gabinete de curiosidades. Junto a conceptos especializados aparecen expresiones de uso común como «cómplice», «coser a puñaladas», «tener esqueletos en el armario» o «pedir la venia». Esa heterogeneidad da agilidad al libro y evita que se convierta en un glosario árido. Pero también diluye, en ocasiones, el criterio de selección.
No todas las entradas tienen el mismo peso. Algunas aclaran conceptos que un escritor puede utilizar mal con facilidad. Otras satisfacen una curiosidad etimológica. Otras recuerdan convenciones narrativas bastante conocidas. El lector debe aceptar ese carácter híbrido: no está ante un diccionario especializado ni ante un tratado de escritura, sino ante una guía divulgativa construida desde la amplitud.
El problema aparece cuando esa voluntad de claridad se convierte en rotundidad.
La precisión también importa
Divulgar exige simplificar. No exige convertir cada matiz en una certeza.
En la entrada dedicada a la cadena de custodia, por ejemplo, se afirma que una ruptura del protocolo invalida automáticamente la prueba y hace que pierda todo su valor legal. La formulación resulta demasiado categórica. En la práctica, una irregularidad puede afectar a la fiabilidad o al valor probatorio, pero no determina por sí sola y en todos los casos la nulidad automática de la prueba
No se trata de exigir a un libro divulgativo el aparato crítico de un manual universitario. Pero sí de recordar que una guía destinada a aclarar términos debe medir especialmente bien sus afirmaciones. En un ámbito donde conviven derecho, medicina legal y criminalística, una frase demasiado cerrada puede resultar más engañosa que una explicación algo más prudente.
Hay también algún descuido editorial visible. La entrada dedicada al fraude digital aparece titulada «Pishing – Vishing», aunque el término correcto es phishing y el propio desarrollo del texto lo utiliza después correctamente. Es un error menor, pero, en un glosario, la ortografía de los términos no es un detalle ornamental.
Una puerta de entrada, no una última palabra
Estos problemas no anulan la utilidad del libro, pero sí indican cómo conviene leerlo.
101 expresiones de ficción criminal funciona bien como introducción, como obra de consulta ligera y como herramienta para lectores curiosos o autores que desean evitar errores elementales. Su tono accesible facilita la lectura y su variedad permite entrar en territorios distintos sin convertir cada término en una clase magistral.
No conviene utilizarlo como autoridad definitiva en cuestiones técnicas complejas. Tampoco parece esa su intención. Su mejor versión aparece cuando despierta una pregunta, ordena una primera idea o señala una diferencia que merece ser explorada con mayor profundidad.
Un glosario no tiene por qué resolver el mundo. Pero debe saber exactamente dónde terminan sus certezas.
Ficha del libro
101 expresiones de ficción criminal
Autores: Alfred López y Eva Núñez
Editorial: Aleva Ediciones
Primera edición: abril de 2026
ISBN: 9798253713273



