La escala del mal de Michael Stone clasifica 22 niveles de violencia según impulsividad, psicopatía y sadismo. Un enfoque criminalístico para entender la maldad. La criminóloga Paz Velasco lo disecciona.
Históricamente, el concepto de «mal» ha evolucionado desde las explicaciones sobrenaturales del Santo Oficio —que atribuía actos terribles a la influencia demoníaca— hasta la neurociencia moderna. Hoy entendemos que la maldad no es un destino genético; nadie nace predestinado a ser malo. En su lugar, es el resultado de complejas interacciones entre predisposiciones biológicas, como la insensibilidad al sufrimiento o la agresividad, y factores ambientales o sociales.
Investigaciones de científicos sociales sugieren que aproximadamente el 5% de la población posee rasgos tóxicos, perversos o crueles. Según el neurocientífico James Fallon, la combinación de una tendencia genética hacia la violencia y el maltrato infantil constituye una «combinación asesina». Estudios de neuroimagen realizados por Raine y Jesús Pujol han identificado que el mal «se esconde en el cerebro». Se observa una baja actividad en la corteza prefrontal y deficiencias en los lóbulos temporales de asesinos y psicópatas, lo que Pujol describe como un «cortocircuito neuronal» entre la parte emocional y la intelectual del cerebro.
Para sistematizar el lado oscuro del ser humano, el Dr. Michael Stone creó en 2001 una escala jerárquica de 22 niveles basada en la depravación, la planificación y el sadismo del crimen. Analizó factores neurológicos, genéticos y ambientales, a través de entrevistas cara a cara con criminales, para intentar comprender que es lo que lleva a un individuo a matar a una o más personas. Les planteó preguntas relacionadas con lo sucedido en sus vidas, si tuvieron una infancia traumática, porque prefieren a determinadas víctimas, que querían conseguir a través de su crimen o por qué razón matan.
I. El Espectro de la Impulsividad (Niveles 1-8)
En este primer bloque encontramos a sujetos que, por lo general, carecen de rasgos psicopáticos marcados.
- Nivel 1: Homicidio justificado. Personas que matan en legítima defensa. Carecen de maldad real, como el caso de Jacqueline Sauvage.
- Nivel 2: Crímenes pasionales. Asesinatos por celos cometidos por sujetos inmaduros o egocéntricos, ejemplificado por Ruth Ellis.
- Nivel 3: Compañeros de asesinos. Sujetos con rasgos antisociales que colaboran en el crimen, como Leslie Van Houten (seguidora de Manson).
- Nivel 4: Provocadores de defensa. Matan alegando defensa propia, pero tras haber provocado ellos mismos el ataque inicial.
- Nivel 5: Los traumatizados. Personas desesperadas que asesinan a sus abusadores tras sufrir años de maltrato.
- Nivel 6: El impulso caliente. Sujetos que actúan sin planificación, dejándose llevar por un estallido de ira momentáneo.
- Nivel 7: Narcisistas posesivos. Matan a seres queridos por celos extremos, como Prosenjit Poddar en el famoso caso Tarasoff.
- Nivel 8: Rabia subyacente. Personas no psicópatas que acumulan odio hasta que un detonante provoca una masacre, como Charles Whitman.
II. Psicopatía Instrumental y Narcisismo Maligno (Niveles 9-15)
Aquí la maldad adquiere un matiz de utilidad. El otro es un objeto para alcanzar un fin.
- Nivel 9: Amantes celosos psicopáticos. Similares al nivel 2, pero con rasgos de personalidad psicopática marcados.
- Nivel 10: Los sicarios. Asesinos que matan por dinero o porque la víctima «estorbaba», con un egocentrismo extremo.
- Nivel 11: El obstáculo. Se asesina a quienes impiden lograr un objetivo personal. Susan Smith ahogó a sus hijos porque su amante no quería responsabilidades.
- Nivel 12: Ambición acorralada. Personas ansiosas de poder que matan cuando sus mentiras o argucias empiezan a fallar.
- Nivel 13: El psicópata rabioso. Individuos que pierden el control y dan rienda suelta a sus peores emociones, como Richard Speck.
- Nivel 14: Los conspiradores. Psicópatas egoístas que planifican el crimen meticulosamente para obtener un beneficio económico o social.
- Nivel 15: Multicidas de sangre fría. Matan a varias personas en un solo evento y niegan cualquier responsabilidad o confrontación con la realidad.
III. El Abismo del Sadismo (Niveles 16-22)
Este bloque representa a los psicópatas puros, donde el daño al prójimo es la fuente primordial de placer.
- Nivel 16: Psicópatas multicidas. No se limitan al asesinato; recurren a la mutilación o violación, como Miyazaki Tsutomu.
- Nivel 17: Sádicos fetichistas. El crimen tiene marcadas connotaciones sexuales y tortura, incluyendo a figuras como Ted Bundy o Richard Chase.
- Nivel 18: Tortura como preludio. El asesinato es el fin principal, pero la víctima sufre una tortura previa (aunque no prolongada), como en los casos de Gary Ridgway.
- Nivel 19: Dominación y terror. Psicópatas que intimidan, violan o secuestran para ejercer poder, aunque no siempre maten. Ejemplo: Gary Steven Krist.
- Nivel 20: El torturador motivacional. La motivación principal no es matar, sino el placer derivado de infligir dolor físico y mental.
- Nivel 21: Torturadores extremos. Se dedican a la tortura prolongada sin llegar al asesinato, como Cameron Hooker, quien esclavizó a una mujer por siete años.
- Nivel 22: La cúspide de la maldad. Asesinos psicópatas que infligen torturas extremas y prolongadas antes de ejecutar a sus víctimas. Aquí se sitúan Jeffrey Dahmer, Andréi Chikatilo o John Wayne Gacy.
La maldad es una construcción humana y el libre albedrío nos permite decidir entre el bien y el mal. La escala de Stone, aunque criticada por ciertos sectores por su difusión mediática en programas como «Most Evil», ofrece una herramienta de clasificación que podría ayudar en el futuro a prever riesgos ante la liberación de criminales. Lo verdaderamente terrorífico, como señalaba Zimbardo, es que la maldad no tiene un rostro determinado y forma parte de la condición humana.
Bibliografía
Leyton, E. (2005). Cazadores de humanos: el auge del asesino múltiple moderno, Alba Editorial.
Raine, A. (2013). The Anatomy of Violence: The Biological Roots of Crime, Random House, Nueva York.
Pujol, J.; Batalla, I.; Contreras-Rodríguez, O.; Harrison, B.; Pera, V.; Hernández-Ribas, R.; Real, E.; Bosa, L.; Soriano-Mas, C.; Deus, J.; López-Solá, M.; Pifarr, J.; Menchón, J. M.; Cardorner, N., (2011). Break down in the brain network subserving moral judgment in criminal psychopathy en Social Cognitive and Affective Neuroscience, 7, 2011, pp. 917-923. Disponible en DOI: .
Reimann, M. y Zimbardo, P.G. (2011). The dark side of social encounters: Prospects for a Neuroscience of Human Evil. Journal of neuroscience, Psychology, and economics, 4 (3). doi: 10.1037/a0024654.



